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LA CODERA. HÁBITAT Y NECRÓPOLIS EN LA I EDAD DEL HIERRO Ver en formato PDF

El conjunto arqueológico de La Codera, situado en el término municipal de Alcolea de Cinca (Huesca), está formado por dos poblados, tres necrópolis y restos una cuarta, todos pertenecientes a un ámbito cultural datable en lo que tradicionalmente se ha denominado I Edad del Hierro, esto es en la primera mitad del primer milenio a.C.
Algunos de estos yacimientos ya son conocidos desde hace varias décadas y de ellos dan referencia R. Pita, J.L. Maya y la Carta Arqueológica de Huesca (ver bibliografía). En 1982 se efectuó la excavación de uno de los túmulos encontrándose los materiales en el Museo de Huesca.
Desde 1997 se ha actuado sobre parte de un poblado y de dos de las necrópolis. El poblado a que no referimos está situado en el extremo de un espolón orientado hacia el sur, defendido por escarpes de más de veinte metros de desnivel en todo su perímetro, salvo en el extremo norte al que se accede desde terreno llano. Tiene forma alargada, está defendido por una muralla en el extremo más vulnerable, posee un espacio o calle central alargada y las viviendas están dispuestas de forma perimetral, incluida la muralla, a la que se adosan varias estructuras.
La muralla se construye en tres fases. En primer lugar se levantó un núcleo de 180 cm. de anchura constituido por un doble paramento, interior y exterior, de piedras de mediano tamaño relleno de tierra y piedras más pequeñas. Posteriormente se añadieron dos paramentos sucesivos en su cara externa de un metro de anchura cada uno y formados por piedras de tamaño mediano y grande, rellenando el interior de la misma forma que el núcleo primitivo. El resultado es un muro de casi cuatro metros de anchura formado por cuatro paramentos paralelos rellenos de tierra y piedras.
En el extremo suroeste el muro cambia de dirección formando un ángulo de 159º. Este trazado, con un fin claramente estratégico-defensivo, sirve para situar el vano de acceso al recinto. Este vano está delimitado por dos grandes sillares semitrabajados y tiene forma abocinada, con una anchura exterior de 4 m. y una interior de más de 5. Su defensa está asegurada por la inclinación de los muros que la flanquean, por el próximo bastión que defiende el centro de la muralla y por la torre que debió erigirse en el extremo suroeste de la muralla y de la que apenas quedan indicios. El franqueo de la muralla se facilitaba a través de una rampa formada con tierra contenida por contrafuertes a modo de muros de contención.
De las estructuras excavadas en el interior del poblado dos son particularmente interesantes. El que hemos denominado espacio 3 ha sido provisionalmente identificado como un área de manipulación de cereales. Se trata de un recinto de planta alargada y dividido en tres compartimentos. El interés radica sobre todo en los dos occidentales separados por un muro medianil y provisto cada uno de ellos de un horno. Estos hornos conservan la boca de alimentación, habiendo perdido la cámara de cocción y la bóveda. El compartimento noroeste está provisto además de un enlosado de unos 2 metros cuadrados que pudo haber servido para el almacenamiento del grano, que así se preservaría de la humedad del suelo. Por su parte el llamado espacio M1 es una habitación rectangular de 2’80 por 5’70, que ofrece la particularidad de tener su muro oeste apoyado en lo que forma el vano de acceso al poblado. Esta circunstancia hace pensar que se trata de un espacio amortizado en el momento de ampliar la muralla y realizar el vano abocinado que es visible actualmente. Apoyado a la muralla posee un vasar que ha proporcionado la mayor parte de los materiales cerámicos recuperados hasta el momento.
Las dos necrópolis intervenidas están formadas por túmulos de planta rectangular y circular, más abundantes los primeros. Su excavación ha permitido reconstruir las diferentes partes del ritual funerario seguidas durante la inhumación de las cenizas de los difuntos.

• Yacimiento arqueológico de La Codera - Alcolea de Cinca - info@lacodera.net